miércoles, 3 de septiembre de 2008

CAJÓN DE SASTRE (III): LAS SUPERSTICIONES

Si bien el anterior post “Panorama de actualidad”, se basaba en un análisis concreto de una situación política que a su debido tiempo será histórica, os invito de nuevo a un retorno al pasado, y aunque las supersticiones, en más de una ocasión han tenido particulares orígenes históricos, sin duda, forman parte de la cultura y tradición del ser humano “urbi et orbe”.

¿Por qué derramar sal también trae mala suerte? O ¿el famoso número 13? Y ¿Por qué podemos confiar en lo que diga una moneda echada al aire? ¿por qué la cigüeña portaba los bebés? Y ¿de donde procede el mal de ojo?

Para conocer la mala suerte del derrame de la sal, debemos trasladarnos a Oriente próximo a unos 3.500 años antes de Cristo. La sal fue el primer condimento en la alimentación del hombre y alteró de tal modo sus hábitos alimentarios, que no sorprende en absoluto que el acto de derramar elemento tan precioso llegara a ser equivalente de mal augurio.

Para los romanos, la sal era un elemento tan valioso para condimentar comidas como para curar heridas. El escritor romano Petronio, en su Satyricon, creó la frase “no vale su sal”, como oprobio para ciertos soldados romanos, a los que se les daban estipendios especiales para sus raciones de sal, llamados “salarium” – dinero de sal – origen de nuestra palabra salario.

La sal, purificaba el agua, conservaba el pescado y la carne, realzaba el sabor de la comida y hebreos, griegos y romanos la utilizaban para sus principales sacrificios.

La veneración de la sal y el mal pronóstico que representaba su derramamiento, están prodigiosamente captados en La última cena de Leonardo da Vinci: Judas a derramado la sal sobre la mesa señalando con ello la tragedia – la traición a Jesús. No obstante, históricamente no hay prueba alguna de que fuese derramada sal en esa última Cena. Leonardo incorporó esta superstición a su interpretación pictórica, con el fin de dramatizar más la escena, a la que hay que añadir otro hecho: 13 eran los comensales en la mesa.

Y número tan supersticioso, merece especial atención para conocer el origen de su mala fama.

El temor al número 13 es conocido como Triscaidecafobia. La noción se remonta, como mínimo, a la mitología nórdica en la era pre - cristiana. A un banquete en el Valhalla, fueron invitados doce dioses. Loki, el espíritu de la pelea y del mal, se coló por las buenas, con lo que el número de los presentes llegó a trece. En la lucha que se produjo para expulsar a Loki, Balder el favorito de los dioses, encontró la muerte.

Desde Escandinavia, la superstición se difundió a Europa en dirección sur, estableciéndose con total plenitud en los países mediterráneos. Entonces, aseguran los folkoristas, la creencia fue notablemente reforzada por la última Cena, de la que ya hemos hablado. Rizando el rizo, incluso se podrían establecer paralelismos entre Judas-Locki y Balder-Cristo

Irónicamente, en EE.UU, este número es considerado de buena suerte. En el reverso de los billetes de banco, hay una pirámide incompleta con trece escalones; el águila heráldica, sostiene en una garra, una rama de olivo con trece hojas. Hay además trece estrellas sobre la cabeza del águila. Todo esto, en nada tiene que ver con la superstición, sino que conmemora las trece colonias que originaron el país, y que por su parte fueron un símbolo de buen auspicio.

Y si hablamos del número 13, no podemos obviar el Martes o Viernes. Los esfuerzos para explicar porqué el viernes es el más desafortunado en muchos países, se han centrado en desastrosos acontecimientos que supuestamente tuvieron lugar en él. Según la tradición, en un Viernes día trece, Eva tentó a Adán con la manzana. El Arca de Noé inició su larga navegación durante el Diluvio, el Templo de Salomón fue arrasado, y también durante ese día Cristo murió en la cruz.

Sin embargo, el verdadero origen de la superstición, procede también de la mitología escandinava. El nombre de Viernes (Friday en inglés, Freitag en alemán) procede de Frigga, la liberal diosa del amor y de la fertilidad. Cuando las tribus germánicas y escandinavas se convirtieron al cristianismo, Frigga fue desterrada y execrada a la cumbre de una montaña, considerada como Bruja. Se creía que cada viernes, la diosa, rencorosa, celebraba una reunión con otras once brujas más el demonio –con lo que eran trece los asistentes- y conspiraban para causar infortunios durante la semana siguiente.

En cuanto al Martes, se desconoce cual puede ser el proceso que en España dio lugar al “martes y trece, ni te cases ni te embarques”. Pero podemos apuntar que el nombre de Marte, dios de la guerra y que da origen al día, tiene algo que ver en ello.

Como el texto es largo, la información jugosa no es cuestión de que vuestros ávidos ojillos lectores se cierren a la siempre insaciable curiosidad, por tlo que, dejaremos para otro Cajón de Sastre las supersticiones pendientes, a las que tal vez añadamos otra propinilla.

miércoles, 20 de agosto de 2008

PANORAMA DE ACTUALIDAD

Me encanta visitar algunos blogs y comprobar que existe un gran deseo de transmitir armonía, paz interior, romanticismo, dulzura, serenidad y un sinfín de maravillosos sentimientos que forman parte de lo más bello y profundo del ser humano.

Ya sabéis que en Libro de Arena también me avine a este tipo de valores, los cuales voy a retomar en un próximo post, sin olvidar el Cajón de Sastre con sus supersticiones y anécdotas. Pero el día a día impone que los acontecimientos se sucedan, y ya sabéis que a parte de la historia, me encanta comentar la realidad, analizarla y desmenuzarla para intentar comprender en que mundo vivimos, quien nos gobierna o qué significado tiene ser humano para gobernantes y poderes fácticos.

No, no voy a comentar la crisis económica omnipresente, pero que los gobernantes que nos ha tocado en suerte – y mira que tenemos mala suerte – pretenden eludir, por demostrada ignorancia a no saberla atajar. Ni tampoco de las olimpiadas de Pekín o de la tragedia en el aeropuerto de Barajas. Hoy se trata de política de “altos vuelos”de absoluto maquiavelismo: la invasión de Rusia sobre Georgia.

Los medios de comunicación audiovisuales se limitan a informar de la evolución de los hechos, pero aun es hora de saber el por qué de los mismos, el por qué gentes sencillas han sufrido el saqueo de sus casas, la ruina de sus negocios, la destrucción de sus ciudades, y un sinfín de calamidades que conlleva una invasión militar, casi coincidente en fechas con la que antes conocida como Unión de Republicas Socialistas Soviéticas (URSS) realizó en Checoslovaquia, hace exactamente 40 años, apenas ha sido recordado – pero no han olvidado el tan cacareado mayo del 68 – y que supuso el fin del sueño de la libertad para los habitantes checos.

Con respecto a Georgia, el presidente georgiano justificó el avance de sus tropas en la provincia de Osetia del Sur el pasado día 7 como consecuencia de las provocaciones de los independentistas y del creciente papel de Rusia en esos hechos. No hay duda de que formaban parte de una operación dirigida desde Moscú. Tanto es así que, como fuentes del Departamento de Estado norteamericano están filtrando, Rice envió a un destacado miembro de su equipo, Daniel Fried, para calmar al gobierno georgiano y tratar de convencerle de no caer en una trampa de la que sólo podía salir derrotado. A pesar del aviso, Saakashvili ordenó el avance de sus tropas. Quizás porque creía que no tenía otra opción, quizás porque confiaba en que Estados Unidos y Europa reaccionarían en su favor conteniendo la maniobra rusa.

La rapidez con que se movilizó el ejército ruso, la buena coordinación con la Fuerza Aérea y el inmediato despliegue de la flota en el Mar Negro no dejan lugar a dudas de que se trataba de una operación conjunta preparada con antelación. Los rusos pudieron verse sorprendidos en el momento del ataque, pero sólo entonces. Lo buscaban y estaban preparados para actuar.

Georgia es una democracia en formación que ha apostado claramente por Europa y la Alianza Atlántica. Estados Unidos ha apoyado a este país desde la visión de un Cáucaso progresivamente democrático que actúe como ariete para trasformar Asia Central, una zona de alto valor estratégico por sus reservas energéticas amenazada por el auge del islamismo y por su inestabilidad política.

Para Rusia, sometida a un régimen autoritario, la expansión de la democracia es una amenaza, pero lo es mucho más la red de alianzas entre potencias democráticas, organizaciones internacionales y los estados situados en su proximidad. Como los dirigentes de Moscú han repetido en más de una ocasión, no quieren tener a la OTAN en sus fronteras más de lo que ya está.

Más aún, el actual núcleo dirigente añora los tiempos de la Unión Soviética, la forma más reciente de Imperio ruso, y exigen el reconocimiento de la vieja doctrina Breznez, la imposición de una soberanía limitada sobre los estados de su área de influencia. Putin nos exige que aceptemos el derecho de Rusia a ser tratada como "gran potencia", lo que en su visión implica influencia sobre las políticas de sus estados vecinos.

El premeditado ataque ruso era una medida bien pensada. Creían necesario hacer una demostración de fuerza, dada la poca audiencia que habían tenido sus declaraciones en contra del ingreso de Ucrania y Georgia en la OTAN y del despliegue de la Defensa contra Misiles Balísticos en Polonia y Chequia. A la hora de llevarlo a cabo se encontraban con dos hechos recientes que jugaban a su favor.

El reconocimiento por parte de Estados Unidos y de las grandes potencias europeas de la independencia de Kosovo suponía una abierta violación de las resoluciones vigentes del Consejo de Seguridad. Pero, al mismo tiempo, representaba un excelente precedente para la invasión de Abjacia y Osetia del Sur y su posterior segregación de Georgia. Tan ilegal es el caso balcánico como el caucásico, pero el primero suponía un argumento para el segundo. Norteamericanos y europeos no tienen legitimidad para criticar a Rusia por hacer algo que ellos previamente han perpetrado. Lo que vale para Kosovo vale para Georgia.

Estados Unidos lleva tiempo defendiendo el ingreso de Ucrania y Georgia en la Alianza Atlántica. Un buen número de estados europeos se oponen, pero sin argumentos de peso. No ha habido un debate estratégico en el que se valoren pros y contras. Todo se limitó a un estéril juego diplomático.

Putin ha elegido el momento, ha actuado con contundencia y ha logrado lo que buscaba, aunque ello implicará pagar un precio.
Rusia ha humillado a un vecino que se negaba a aceptar su vasallaje. Ha enviado un mensaje claro a todo el Cáucaso y también a las repúblicas de Asia Central. Rusia ha vuelto a ser fuerte gracias a los precios de la energía y a disponer de un liderazgo claro. No tienen reparo alguno en ejercer su poder, en utilizar sus ejércitos siempre que sus intereses así lo exijan.

Estados Unidos ha sufrido una doble derrota diplomática. Ha perdido influencia en una región de alto valor estratégico, pero también se ha puesto de manifiesto la profunda crisis de la Alianza Atlántica, en el hipotético caso de que sigamos creyendo en su existencia. Estados Unidos no ha podido o no ha sabido ejercer su liderazgo dentro de la Alianza, que ha tenido un penoso papel en todo momento. Tan penoso como el de la Unión Europea, incapaz de reivindicar con claridad desde el primer momento la integridad territorial de Georgia

Estos acontecimientos me recuerdan al preludio de la segunda guerra mundial. Los europeos de cierta edad crecieron en la idea de que el Premier Neville Chamberlain fue un traidor por haber cedido ante Hitler la soberanía de Checoslovaquia a cambio de la ilusión de evitar la II Guerra Mundial. El tiempo demostró que Winston Churchill tenía razón, que no se puede ceder ante un régimen dictatorial porque sólo se conseguirá mostrarle la debilidad propia y, por lo tanto, animarle a ir más allá. Eso fue lo que ocurrió. Con los criterios de hoy en día Chamberlain sería un halcón colonialista y Churchill un reaccionario disparatado. El primero no fue un traidor, sino un leal patriota que cometió un error fatal. No era un cobarde, sólo trataba de evitar una guerra que, a la postre, aceleró con sus actos. Los dirigentes europeos de nuestros días se parecen muy poco a Chamberlain y menos aún a Churchill.

Es fácil conocer el desarrollo de los acontecimientos, leerlos en Internet cómodamente sentados. Pero lo que me resulta absolutamente inconcebible es la pasividad de la OTAN y de la Unión Europea. La manifiesta incapacidad de la diplomacia actual, como la de los políticos, de frenar las imposiciones de estados tiránicos, para quienes la vida del ser humano no tiene ningún valor, que desprecian sobremanera el que un país se desarrolle y opte por vía democrática por elegir su forma de gobierno, me parece absolutamente despreciable.

Lamentablemente, Georgia queda demasiado lejos de nuestras fronteras, y en un país de hipotecados, parados, de excesivo número de funcionarios, y de perspectiva incierta, el hecho de que Rusia haya invadido Georgia, nos resbala. Pero no debería ser así, puesto que esta crisis está muy bien organizada, por designios del gran capital, que poco tiene de liberal, y que para sus fines, no desea ni la prosperidad ni el desarrollo ni el bienestar de los pueblos, sino subyugarlos esclavizándolos de forma consumista y materialista. Es también una forma de invasión, no militar, sin armas de fuego, pero si de nuestras vidas, de nuestro futuro y de nuestro progreso en el humanismo y el conocimiento.

viernes, 15 de agosto de 2008

CAJÓN DE SASTRE (II): SUPERSTICIONES


No, queridos colegas de blog, no he aparcado las anécdotas históricas, pero digamos que hago un paréntesis, que, sin eludir la historia, si abordo un apartado que en algunos hechos o momentos, ha podido provocar decisiones históricas.

Todos tenemos nuestras pequeñas manías o somos más o menos supersticiosos, según nuestras creencias, nuestro instinto o como nos hayan marcado los acontecimientos en nuestra vida.

Napoleón temía a los gatos negros y Sócrates el mal de ojo. A Julio César le aterrorizaban los sueños y Enrique VIII aseguraba que la brujería le había inducido a casarse con Ana Bolena. Pedro el Grande, zar de todas lar Rusias (1672-1725), experimentaba un terror patológico cuando tenía que cruzar puentes, y Samuel Jonson autor del primer diccionario en lengua inglesa (1755), siempre iniciaba la entrada o la salida de un edificio con el pie derecho.

Las supersticiones surgieron de modo muy directo y contundente. El hombre primitivo, al buscar explicaciones para fenómenos tales como el rayo, el trueno, los eclipses, el nacimiento, la muerte, etc. carente de conocimientos sobre las leyes de la naturaleza, desarrolló una creencia en los espíritus invisibles. Observó que los animales poseían un sexto sentido que les advertía e imaginaron que los espíritus les alertaban secretamente.

Esta es la explicación básica, casi de diccionario para la superstición, pero en los albores del siglo XXI, las supersticiones tienen absoluta vigencia. ¿Por qué decimos “Jesús” cuando alguien estornuda? ¿Por qué un espejo roto o un gato negro traen mala suerte?.

Bueno, para la primera pregunta, hemos de trasladarnos a la Italia del siglo VI. Geseundheit, dicen los alemanes; Felicità dicen los italianos; los árabes juntan las manos y hacen una profunda reverencia. Seguramente, parecerá curioso, pero toda cultura creen en algún tipo de bendición cuando alguien estornuda.

Bien, durante siglos, el hombre creyó que la esencia vital, el alma, residía en la cabeza, y que un estornudo podía expulsar accidentalmente esta fuerza. Esta sospecha se veía reforzada por los estornudos de los enfermos en sus lechos de muerte, ante lo cual, los médicos hacían ímprobos esfuerzo para contenerlos.

La ilustración sobre este tema llegó con Aristóteles e Hipócrates en el siglo IV antes de Cristo; el estornudo era la reacción de la cabeza contra una sustancia ofensiva que se introducía por la nariz. Observaron que cuando el estornudo se asociaba con una enfermedad pre-existente, pronosticaba a menudo la muerte, por lo cual, recomendaron bendiciones tales como: “Larga vida para ti”, “Que goces de buena salud” “Que Júpiter te guarde”.

Cien años más tarde, los romanos opinaban, que si una persona sana estornudaba, intentaba expulsar los espíritus siniestros de posteriores enfermedades.

La expresión cristiana “Jesús” en el sentido de un “Dios te bendiga”, tiene su origen en el fiat papal del siglo VI, durante el pontificado de Gregorio Magno. Una epidemia virulenta asolaba Italia, y uno de sus primeros síntomas era una serie interminable de violentos estornudos. El papa Gregorio pidió a los sanos que rogaran por los enfermos y también ordenó que frases bien intencionadas, aunque vanas, “Que tengas buena salud” fueran sustituidas por una invocación más urgente y concreta “Jesús”.

La rotura de un espejo como signo de mala suerte, procede del Siglo I. Se originó antes de que existieran los espejos de vidrio. Los primeros espejos utilizados por los antiguos egipcios, los hebreos y los griegos, eran de metales como en bronce, el latón, la plata, y el oro pulimentados, y por tanto, irrompibles. . En el siglo VI antes de Cristo, los griegos habían iniciado una práctica de adivinación basada en espejos, llamada catoptromancia, en la que se empleaban unos cuencos de cristal o cerámica llenos de agua. El cuenco de cristal lleno de agua, se suponía que revelaba el futuro de cualquier persona cuya imagen se reflejara en la superficie del mismo.

Si uno de estos espejos se caía o rompía, la interpretación inmediata por parte de un “vidente”, era que la persona que sostenía el cuenco no tenía futuro.

En el siglo I d.C, los romanos adoptaron esta superstición portadora de mala suerte y le añadieron un nuevo matiz, que es nuestro significado actual. Sostenían que la salud de una persona cambiaba en ciclos de siete años. Puesto que los espejos reflejaban la apariencia de una persona (es decir, su salud), un espejo roto anunciaba siente años de mala salud y de infortunios.

En la Italia del siglo XV, la superstición adquirió una aplicación práctica y económica. Los primeros espejos de cristal con el dorso revestido de plata, desde luego rompibles, eran fabricados en Venecia. Su coste era elevado, por lo que los sirvientes que limpiaban los espejos de las casas, se les advertía que romper uno de estos tesoros, equivalía a siete años de un destino peor que la muerte. Este uso efectivo de la superstición, sirvió para intensificar la creencia en la mala suerte.

Con referencia a los gatos negros, la creencia procede de Inglaterra, concretamente en la Edad Media.

La característica independencia del gato, junto con su testarudez y su afición al robo, unido al repentino aumento de su población en las grandes ciudades, contribuyeron a su caída en desgracia, a pesar que, como es sabido, en el antiguo Egipto eran adorados y a su fallecimiento, embalsamados con todo lujo.

Los gatos callejeros eran alimentados a menudo por ancianas pobres y solitarias, y cuando se propagó en Europa una oleada de histeria, en la que muchas de estas mujeres eran acusadas de practicar la brujería, los gatos que les hacían compañía (especialmente los negros) fueron considerados culpables… por asociación de ideas.

Así, un animal que en otro tiempo era contemplado con veneración, se convirtió en una criatura odiosa y temible. En los EE.UU, concretamente en Salem, persistió la leyenda de que las brujas se transformaban en gatos para merodear por las noches. Los pobres mininos las pasaron canutas durante la Edad Media y Renacimiento; En Francia, los gatos eran quemados mensualmente hasta que en 1630, Luis XIII puso fin a esta vergonzosa práctica.

Dado el largo tiempo – varios siglos – durante el cual, los gatos negros fueron sacrificados en toda Europa, es sorprendente que el gen de color negro, no se extinguiera en esa especie…, a no ser que el gato realmente tenga siete vidas.

En cuanto a supersticiones, la historia está plagada de ellas. ¿Por qué derramar sal también trae mala suerte? O ¿el famoso número 13? ¿O pasar por debajo de una escalera?. Y ¿Por qué podemos confiar en lo que diga una moneda echada al aire? ¿por qué la cigüeña portaba los bebés? Y ¿de donde procede el mal de ojo?

Estimados lectores, si os intriga el tema, en un próximo artículo proporcionaré más datos. Yo, personalmente he de confesar que un gato negro me trae buena suerte, nunca he roto un espejo, Y por supuesto, jamás paso por debajo de una escalera.

Si sois supersticiosos, Cuadernos está a vuestra disposición para que comentéis vuestras manías o intuiciones. Y si no lo sois, vuestra opinión será también muy apreciada.

Besos mediterráneos… para nada supersticiosos.

viernes, 8 de agosto de 2008

CAJÓN DE SASTRE (I)

Mis colegas bloggeros de Libro de Arena, son conocedores de mi pasión por la HISTORIA; la pequeña, la grande, la informal, la social… porqué como seres humanos, somos hijos de la historia, formamos parte de ella, y a través de nuestras vivencias, también hacemos historia, la cual no hay ni memoria histórica oficial ni sandeces que nos pueda hacerla cambiar.

Claro que en más de una ocasión, se pone en duda, se cuestiona, se descalifica, o se manipula descaradamente, y en este caso, siempre por motivos políticos. Así tenemos autores célebres como Alejandro Dumas quien opinaba: “Los únicos que leen historia son los historiadores cuando corrigen las pruebas de imprenta de sus escritos”. Anatole France, escritor francés de principios del siglo XX, afirmaba sin ningún género de dudas que: “Los libros de historia que no contienen mentiras, son mortalmente aburridos”. A este escepticismo, François Fénelon, poeta, escritor y teólogo francés (1651-1715), contrarrestaría con: “El buen historiador, no es de ninguna época ni de ninguna nación”, y Lord Chesterfield, (Philip Dormer Stanhope, cuarto conde de Chesterfield (1694-1773)) y prototipo por excelencia del gran señor del siglo XVIII, no dudó en calificar a la historia como un “confuso fárrago de sucesos”

Estoy totalmente convencida que todas las frases tienen su punto de verdad, por muy en desacuerdo que se esté, pues, si hablamos de historia, también es necesario analizar el contexto histórico, algo que se tiene muy poco en cuenta. Personalmente, me quedo con dos frases que definen muy bien el significado de la HISTORIA: Una la pronunció Marco Tulio Cicerón jurista, político, filósofo, escritor y orador romano (año 106 – 43 antes de Cristo), quien la definió como: “Testigo de las edades, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida y heraldo de la antigüedad”.

Pero queridos colegas de blog, como estamos en verano, el calor aprieta, la mente no está para grandes y pesadas lecturas sobre la materia, me quedo con la segunda frase, definitoria también de tan insigne temática, pronunciada por Thomas Carlyle, historiador, crítico social y ensayista escocés que vivió durante el siglo XIX “La historia es una destilación del chismorreo”.

Y sí, mi artículo se base en ese “chismorreo”, con el cual en más de una ocasión he animado el cotarro: Las anécdotas históricas.

Viajemos de nuevo en el tiempo, y vayámonos en pleno siglo XVIII. A uno de los compositores y reformador de la ópera más grandes de la historia Christoph Willibald von Gluck, (1714-1787), famoso por la composición de Alceste u Orfeo y Euridice le preguntaron un día cuáles eran las cosas que más amaba y apreciaba.

- Tres cosas: el dinero, el vino y la gloria
- ¿Cómo? ¿La gloria es lo último? ¡Estáis bromeando!
- No, no bromeo – respondió el compositor – Con el dinero puedo comprar el vino, con el vino se despierta mi inspiración, y con mi inspiración alcanzo la gloria. Ya veis que es muy razonable.

El amigo lector es libre de opinar lo que guste, pero la Historia de la Música le da la razón, puesto que sus operas han traspasado fronteras y se representan en todos los coliseos operísticos del mundo.

Y del mundo de la música, pasemos al de la abogacía, siempre tan jugoso, del que ya he referido en más de una ocasión sucesos y casos. Y para ello, hemos de viajar de Francia a España, y concretamente a mediados del siglo XIX.

Don Antonio Maura, (1853-1925) antes de ser el gran estadista y cinco veces presidente del gobierno que fue, y del que ya he relatado alguna anécdota, ejerció como abogado, pues esa era su profesión. Cierto día informaba como recurrido. El abogado recurrente había pronunciado ya su informe, que había durado tres horas, y el presidente del Tribunal, temiendo que el alegado de Maura durase lo mismo, propuso suspender la causa. Maura se opuso a ello, diciendo:

- Señor presidente, sólo necesito cinco minutos
- Si no son más que cinco minutos, puede hablar el letrado.

Y poniendo ostensiblemente su reloj sobre la mesa, dio la palabra a Maura. Este habló durante tres minutos, exponiendo el único argumento posible, que era totalmente convincente. Terminó diciendo: “Me sobran dos minutos, de los cuales hago a la sala donación pura, perfecta e irrevocable”.

Ni que decir tiene que Maura ganó el pleito.

Y para terminar esta primera parte de hoy, sigamos en el siglo XIX, pero transportemos nuestra imaginación al “Far West”. Nos encontramos en los EE.UU y un nombre suena por doquier: Colt. No tan solo fue un revolver, sino el apellido de Samuel Colt, nacido en el estado de Connecticut en 1814. Aventurero e industrial armamentístico quien des de muy joven ya tenía la idea de crear un arma que pudiera disparar repetidas veces, sin necesidad de cargar el arma, y su idea se convirtió en realidad: en 1836 inventó el revolver de repetición, ofreciéndolo al ejercito norteamericano, quien lo rechazó, pero el entonces independiente estado de Texas, lo adquirió y lo usó con éxito. Sus victimas fueron los indios comanches. Su eficacia era tal, que un alto mando del ejercito tejano declaró: “Prefiero enfrentarme a un millón de soldados enemigos que a doscientos cincuenta soldados armados con revólveres Colt”.

El revolver más célebre, el que aparece en las películas es de 6 disparos, cañón de 229 milímetros y calibre de 11,4 milímetros. Se trata del “Colt Walker” o en la jerga del oeste “El juez Colt y sus seis jurados”. Jessie James, Billy el niño. Buffalo Hill, John Wayne, Gary Cooper, unos en realidad, otros en la ficción, hicieron célebre la fórmula de la época: “Dios creó los hombres, Colt los hizo iguales”.

Bueno, de todo hay en la “viña del Señor”, así que aquí tenéis unas cuantas anécdotas para este primer Cajón de Sastre, que aunque histórico, no contiene ni aditivos, y si conservantes para la memoria. En otro artículo, abriremos de nuevo el Cajón, y a ver si nos proporciona herramientas jugosas y divertidas para pasar los calores estivales.

lunes, 28 de julio de 2008

CULTO A LAS APARIENCIAS

Mi afición al análisis me lleva a observar a la sociedad des de los más diversos ámbitos. Mi colaboración esporádica con la caja de un restaurante en los fines de semana, me permite obtener unos datos, que no por ampliar mis conocimientos, dejan de ser curiosos.

Ayer en Mataró era el día central de la fiesta mayor, de la cual ya os hablé el año pasado, a través de Libro de Arena, comentando un tanto jocosamente, la celebración de la Missa de Glòria, así llamada.

La tradición en la asistencia al acto religioso, se complemente con el ágape correspondiente, que en más de una ocasión, se dejaba preparado el día anterior, con el fin de cumplir con la tradición, como Dios manda, y nunca mejor dicho.

Esto, sin embargo, era antes. Ahora, tenemos playa, los distintos actos organizados por el ayuntamiento, y no estamos para cocinar y pasar calor. Pagant, Sant Pere canta como también decimos por aquí y se encarga la comida, o bien se acude al restaurante.

Cómo el día es caluroso, no es cuestión de vestir de vint-i-un botons, frase hecha donde las haya, también de lares catalanes y acudimos al restaurante de postín, en camiseta y playeros, con algunas honrosísimas excepciones, que se pueden contar con los dedos de una mano, y aún sobran. Por supuesto, los niños nos acompañan, aunque sean las doce de la noche, y el mejor lugar fuera la cama.

Tenemos apetito, que no significa que tengamos paladar o que sepamos degustar las exquisiteces de la carta, acompañadas de los caldos correspondientes. Y no tenemos dinero. La tarjeta de crédito, es junto a la lavadora, el mejor invento del mundo. Ya pagaremos, pero ojo, todo sube, por lo que nos conformamos con el tapeo, que pagamos a precio de escándalo – el restaurante no engaña, es una marisquería – y abarrotamos el local, llenándolo del ruido de conversaciones insulsas. És Festa Major!, cuando si se sabe escoger, por el mismo precio del tapeo, y cantidad más restringida, tenemos la oportunidad de saborear algunos platos.

Aunque lo más importante es otra cosa: NOS SIRVEN. La gula, como pecado capital, tiene muchas formas de “tentarnos”, no sólo por el acto de ingerir alimentos en si, y con ello mezclar en nuestro cerebro, el ansia de comer, con la apetencia real para la misma, sino de complacer nuestra vanidad, imitando a las economías saneadas, cuantas más veces sea posible, y con mil y una excusas: reunión familiar, celebración, no tengo ganas de cocinar, ya trabajo durante toda la semana, etc., etc.

Si durante un par de horas nos sirven, nos sentimos por unos cuantos minutos fuera de nuestro entorno, real, olvidando problemas, sin saber lo que comemos, tan sólo diciendo “Es bueno esto”. Ni siquiera, “está exquisitamente cocinado, acertadamente condimentado, y excelentemente presentado”

En realidad, es imposible decirlo, puesto que el restaurante estaba a tope, con gente que había reservado esperando, porqué otros no tienen la más mínima consideración en abandonar la mesa, porqué “para eso pago y me sirven”.

Tal como he descrito en anteriores post, especialmente el dedicado a Brilliant-Savarain, la cocina es un arte, que en nada tiene que ver con la gula, y el equipo de cocina se esfuerza, por el nombre del restaurante, de presentar platos donde, el aspecto visual sea remarcable, sin olvidar sabores y olores. Si se quiere apreciar en toda su magnitud un plato elaborado, mejor ir entre semana, con calma. No habrá problema con las mesas y la tranquilidad está garantizada, en comida o cena.

Pero ¡Ay las!, trabajamos, somos esclavos del pago de hipotecas, el colegio de los niños, su manutención… Pero queremos darnos un gustazo, no estamos para sacrificios, ya trabajamos bastante, así que Visa al canto, ¡Oh, se come tan bien!, ¡hemos disfrutado tanto! ¿Comiendo qué? ¿Una ración de patatas y unos calamares a la romana?

Hay que saber asumir las obligaciones familiares y sus responsabilidades. Hay épocas para todo. Hay que saber entender donde vamos, que hacemos, que podemos permitirnos… pero siempre, siempre, estar a la altura de las circunstancias. “El quiero y no puedo” es signo de vulgaridad.

domingo, 13 de julio de 2008

TEATRO, TODO ES PURO TEATRO

Si bien los últimos acontecimientos familiares, me han mantenido un tanto al margen de la realidad política y social del país, durante estos días, he podido ponerme al corriente de la actualidad, llegando a la conclusión de si vale la pena o no estar al día de los hechos, puesto que cada vez pongo más en entredicho que lo que vemos, oímos o percibimos a través de los medios de comunicación, sea en verdad lo que se nos quiere mostrar.

Lo más destacado – porque no queda otro remedio – han sido los congresos del PP y del PSOE. En apariencia, todo son voluntades de renovación, y preocupación los problemas de la sociedad. En apariencia los partidos se preocupan por el bienestar del ciudadano y desde sus distintas visiones, proporcionan sus soluciones.

Pero si profundizamos más allá de la imagen de espectáculo y de adoración de ídolos paganos que ofrece la política, podemos observar con absoluto desencanto, que sólo existe la finalidad de mantener o llegar al poder. Los principios, las creencias, las ideas se dejan a un lado, de la mano de personas mediocres, con estudios universitarios, sin duda, pero sin una experiencia real en la calle, en el trabajo en una empresa, en el día a día. Muchos de los nuevos cargos de los dos partidos mayoritarios, proceden de la administración pública; es decir, del funcionariado, de la propia estructura del estado, por lo que desconocen lo que es luchar por mantener una empresa, por pagar los impuestos, o los puestos de trabajo, o por quedarse sin empleo.

En el PP, la renovación parte de la aniquilación de la coherencia de ideas. Independientemente que se esté de acuerdo con la forma de actuar o con las decisiones tomadas, lo que es absolutamente imperdonable es que después de haber hecho el trabajo duro, y a veces sucio, gentes como Zaplana, Acebes, o Maria San Gil, sean contemplados como una vieja guardia obsoleta y sustituidos por personajillos arribistas, que han sabido maniobrar con mucha astucia para alcanzar las cotas de poder necesarias.

En muchas ocasiones, no he estado de acuerdo con actuaciones o declaraciones de Acebes y Zaplana, pero lo que sí les valoro, al igual que a J.M. Aznar es su coherencia, su creencia en sus ideas, y el bagaje de haber permanecido ocho años en un gobierno. Si pongo el ejemplo del PP, es por ser el más cercano en las informaciones.

Pero ¿Quién me dice que su sometimiento a las decisiones del partido no haya sido teatro, puro teatro? ¿Quién me dice que la crítica de J.M. Aznar en el congreso de su partido no sea para hacer de “malo” y hacer quedar bien a Mariano Rajoy, a quien considero un buen político pero un pésimo gestor de partido?

El caso del PSOE, simplemente es más de lo mismo; más cretinos para seguir gobernando. Cretinos procedentes en muchos casos, de la estructura del estado, por lo que el ambiente es de una progresía pija, que se cree por encima del bien y del mal, y poseedora de la potestad de las urnas para gobernar.

A mi entender, que es poco, el panorama político actual es una nebulosa, una obnibulación de la realidad de que no hay confianza en los partidos, pues éstos no representan a la sociedad, ni la sociedad se ve reflejada en ellos, pero son la única herramienta de la actual democracia para conseguir el funcionamiento de las instituciones.

Vivimos en una partitocrácia, donde el individuo es sepultado constantemente. El PP que defendía la libertad y el derecho de la persona, está renunciado a estos principios básicos del liberalismo, en aras de que “hay que adaptarse a los cambios que se producen”.

Renovar, es necesario e imprescindible en cualquier ciclo de la vida, pero no a costa de renunciar a los principios, a valores éticos y morales, a despreciar la experiencia en aras de alcanzar el poder.

La política se ha convertido en una constante representación teatral, descarada y sin tapujos, a la que la ciudadanía está sometida, como si de una extraña forma de control se tratase.

Anthony Burgess, autor de La naranja mecánica – llevada al cine por Stanley Kubrik en 1972- en su libro El poder de las tinieblas, (1984), fue todo un profeta de lo que es nuestra sociedad del 2008. “Vivimos actualmente sin control alguno. La iglesia no controla a sus fieles, los padres no controlan a los hijos. Las leyes no controlan a los ciudadanos” Para Burgess, la culpa de esta situación reside en la permisividad que caracteriza a la sociedad moderna. “Autorizamos las drogas, la libertad sexual, permitimos a los ladrones que roben y a los asesinos que maten. El resultado es el caos en el que nos estamos hundiendo”.

Su visión sobre la juventud, tampoco tiene desperdicio “Los jóvenes disponen de demasiado dinero y son mucho más precoces que los de generaciones anteriores. Pero faltos de vitalidad y de afanes creadores, malgastan todas sus energías provocando toda clase de inútiles violencias”

Lo que no tuvo en cuenta el escritor fue la corrupción de la política, y el afán de poder de una clase dirigente con alto desarrollo de mediocridad, pero con una gran capacidad para la representación teatral.

domingo, 6 de julio de 2008

IN MEMORIAM

Si hay un acontecimiento en la vida de todo ser humano, donde sentimientos, emociones, pensamientos, hechos, acciones, gestos y un sin fin de actos se agolpan implacablemente en nuestra memoria, este es durante el periodo de transición hacia la muerte.

Si bien es cierto que en alguna ocasión, con el uso de la ironía y el sentido del humor… negro, no he tenido inconveniente en “burlarme” de la Dama de Negro, lo que siempre he respetado sobremanera es el dolor, la agonía antes de que el alma abandone el cuerpo.

Mi madre falleció el pasado 3 de julio, como consecuencia de lo que el informe médico dictamina como “una deterioración funcional previa severa y probable hipoproteinemia con múltiples úlceras decúbito a EEII y glúteo, y una gran úlcera sacra que se extendía hacia la espalda, visualizando planos musculares y columna”.

En un lenguaje más accesible, se podría resumir en una profunda infección en la sangre como consecuencia de las llagas o úlceras producidas por la inmovilización total de su lado izquierdo, debida a la embolia cerebral que se produjo en el mes de marzo.

Acercándonos más a la realidad, mi madre tiró la toalla hace unas semanas, negándose a comer, o a ingerir la medicación prescrita, para su tratamiento. Perdió la ilusión por la vida, a causa de su parálisis con complicaciones. Perdió las ganas de vivir ante su total dependencia del personal de la residencia. Aceptó la derrota, tras un profundo examen de conciencia, al convivir con otras personas, al comprobar cual había sido su error de conducta conmigo y con los demás.

La experiencia de mi madre en la residencia, me ha proporcionado una visión profunda y filosófica sobre el comportamiento del ser humano, y sobre la gran soledad que habita en el mismo, especialmente en personas de carácter dominante y egoísta que no se han inmutado en someter a los demás. En el fondo, forma parte de su aprendizaje y evolución, pero curioso es destacar que las mujeres, en eso, se llevan la palma.

Pero si metafísica ha sido la experiencia, la transición hacia la muerte ha sido absolutamente enriquecedora, llena de Amor, Agradecimiento, Piedad y Perdón.

La dulzura en la expresión del rostro de mi madre, pues ya no existía ningún tipo de comunicación, a medida que la sedación con morfina hacía efecto era totalmente gratificante y tranquilizadora. Por primera vez en muchos años “gozaba” de no sentir dolor de ninguna clase, de no sufrir, de percibir un bienestar interior imposible de describir. La mañana del día de su fallecimiento, parecía un lirón.

Por mi parte, he vivido intensamente la experiencia, llorando de emoción y de ternura por como los recuerdos se agolpaban en mi mente, por su cariño en mi infancia, por su afán de lucha en salir adelante, por las prendas de punto, de ganchillo o de costura que en un tiempo salieron de sus manos, como auténticas obras de arte.

No obstante, la negatividad de algunos recuerdos también hacía acto de presencia, especialmente los relacionados con su fuerte carácter o su incomprensión hacia mi y mi forma de ser. Pero quiero ser sincera; no debo olvidar los malos momentos, pero no quiero recordarlos, porqué debo salir adelante. Los malos momentos son los que han provocado que no eche de menos a mi madre, pero siempre, al igual que mi padre, estará en mis oraciones, y en mi mente, por todo lo que he aprendido, en lo bueno y en lo malo,

Mis padres contribuyeron a que mi carácter sea alegre y socarrón, pero responsable y constante, a que apreciara el trabajo en todo su valor, a tener sentido del ahorro y del gasto. A cumplir con deberes y obligaciones y a ser disciplinada.

En lo que no aportaron nada fue a mi humanismo y a mi gran amor por las artes y sensibilidad por lo bello. No lo comprendían, pero eso, forma parte de mi evolución personal.

Coger la mano de mi madre en su transición, acariciarla y besarla aun sabiendo que ya no percibía nada, deseándole un “buen viaje” hacia la Luz y la Armonía, - recibió la extremaunción tres días antes de su fallecimiento - y por supuesto rezando por ella, rogando la Piedad de Dios para su acogida, era lo único que podía hacer.

Mi madre estaba hermosa, elegante en su última morada. Era una mujer presumida. Amortajada en una túnica color champán, y sobre su pecho dos rosas color salmón, símbolo del amor de mi padre y mío, Su cuerpo fue incinerado, como acto de liberación y purificación de lo que fue coraza y prisión de dolor físico de su persona. Sus cenizas reposarán junto con los huesos de mi padre, con los que ya sabéis que de vez en cuando mantengo interesantes monólogos.

Su viaje ha empezado y mi vida continua, llena de positivismo por haber vivido sin rencor y con absoluta armonía, tranquilidad y paz, la intensidad permanente de unas horas donde por primera y última vez, no ha habido nada malo, sino dulzura y calidez.